La bruja diminuta
Félix y su madre cultivaban su huerto. Un día, la madre cayó enferma. Félix decidió ir al pueblo a vender verduras, pues necesitaba dinero para pagar a un médico.
–Volveré pronto –le dijo.
Cuando vio en el huerto sólo un melón, se sintió triste. Pero al cortarlo se acordó de que su madre le había contado que a una bruja que vivía en el monte y curaba cualquier enfermedad, le gustaban los melones recién cortados...
―Le llevaré el melón a la bruja –pensó– y le pediré que prepare una medicina para mamá.―
Félix llegó al monte, a la casa de la bruja. Llamó una y otra vez, pero no tuvo respuesta. Entonces oyó unos chillidos que venían de afuera.
Una diminuta anciana había quedado prendida en un rosal; tenía los brazos y piernas cubiertos de arañazos.
–¡No te quedes ahí mirando! ¡Haz algo! –le dijo al muchacho.
Félix se apresuró a sacarla del rosal.
La anciana sacó una pomada, se untó los arañazos, y éstos desaparecieron.
–Soy la bruja Umba. Cada vez que me sale una arruga, me encojo tantito, y ya ves, ahora soy minúscula. Pero lo sé todo, jovencito. Sé que tu madre está enferma.
–Te he traído un melón fresquísimo –dijo Félix.
–¡Ja! ¿Crees que voy a prepararte una medicina a cambio de eso? ¡Mira!
Félix miró y vio un montón de melones.
–¿Tienes algo mas para mí, jovencito? –le preguntó.
Félix llevó a la bruja a la torre del pueblo y Umba tiró el melón al mercado, al pie de la torre.
El melón cayó delante de un burro, que se asustó y empezó a correr, tirando todo a su paso.
–¡Eso me gusta! –dijo la bruja– ¡Ahora sí que me divierto! ¡Ji, ji, ji! Voy a prepararte la medicina.
Félix quería asegurarse de que de Umba cumpliría su promesa, y decidió volver a la casa de la bruja.
En el camino recogió unas plantas. Halló a Umba preparando la medicina.
–¡Bienvenido! –le dijo–. Dame esas flores rojas: es lo que necesito.
A la mañana siguiente, Félix volvió a casa con la medicina de Umba. Al poco rato la fiebre de su madre desapareció.
–¿Cómo conseguiste esta medicina? –le preguntó su madre.
–Me la preparó la bruja Umba, porque conseguí hacerla reír –le contesto Félix.
Su madre lo miró con una tierna sonrisa.
–Volveré pronto –le dijo.
Cuando vio en el huerto sólo un melón, se sintió triste. Pero al cortarlo se acordó de que su madre le había contado que a una bruja que vivía en el monte y curaba cualquier enfermedad, le gustaban los melones recién cortados...
―Le llevaré el melón a la bruja –pensó– y le pediré que prepare una medicina para mamá.―
Félix llegó al monte, a la casa de la bruja. Llamó una y otra vez, pero no tuvo respuesta. Entonces oyó unos chillidos que venían de afuera.
Una diminuta anciana había quedado prendida en un rosal; tenía los brazos y piernas cubiertos de arañazos.
–¡No te quedes ahí mirando! ¡Haz algo! –le dijo al muchacho.
Félix se apresuró a sacarla del rosal.
La anciana sacó una pomada, se untó los arañazos, y éstos desaparecieron.
–Soy la bruja Umba. Cada vez que me sale una arruga, me encojo tantito, y ya ves, ahora soy minúscula. Pero lo sé todo, jovencito. Sé que tu madre está enferma.
–Te he traído un melón fresquísimo –dijo Félix.
–¡Ja! ¿Crees que voy a prepararte una medicina a cambio de eso? ¡Mira!
Félix miró y vio un montón de melones.
–¿Tienes algo mas para mí, jovencito? –le preguntó.
Félix llevó a la bruja a la torre del pueblo y Umba tiró el melón al mercado, al pie de la torre.
El melón cayó delante de un burro, que se asustó y empezó a correr, tirando todo a su paso.
–¡Eso me gusta! –dijo la bruja– ¡Ahora sí que me divierto! ¡Ji, ji, ji! Voy a prepararte la medicina.
Félix quería asegurarse de que de Umba cumpliría su promesa, y decidió volver a la casa de la bruja.
En el camino recogió unas plantas. Halló a Umba preparando la medicina.
–¡Bienvenido! –le dijo–. Dame esas flores rojas: es lo que necesito.
A la mañana siguiente, Félix volvió a casa con la medicina de Umba. Al poco rato la fiebre de su madre desapareció.
–¿Cómo conseguiste esta medicina? –le preguntó su madre.
–Me la preparó la bruja Umba, porque conseguí hacerla reír –le contesto Félix.
Su madre lo miró con una tierna sonrisa.
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Hirono Takako, La bruja diminuta, Hirono Takako, ilus. México, SEP–Celistia, 2005.
Hola
ResponderEliminarEsta muy cortito y divertido
ResponderEliminarEs cierto Nicolás está muy divertido👑🎓⌚👔💵💲💴💳💰
ResponderEliminarPronto les subiré cuentos mas largos
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