El caballito de siete colores.
Hace tiempo había un rey y su esposa. Eran felices, porque sus tres hijas eran nobles de corazón.
Las princesas vivían con libertad, pues nadie les haría daño. Pero un día, cuando paseaban, fueron secuestradas por unos forasteros que pidieron dinero para devolverlas con vida.
Las tropas del rey no pudieron rescatarlas. Así que el rey puso letreros que decían:
EL CABALLERO QUE RESCATE A LAS PRINCESAS SE CASARÁ CON UNA DE ELLAS Y SERÁ PRÍNCIPE.
Aunque muchos jóvenes querían ser príncipes, nadie se atrevía a penetrar en el bosque.
Tres hermanos muy humildes decidieron salvarlas, pero los dos mayores pensaron que el pequeño sería un estorbo, y lo dejaron en casa.
El rey les preguntó: —¿Qué necesitan?
Los muchachos dijeron: —Una bolsa de oro.
El rey se las dio, y ellos partieron al bosque.
Luego llegó el pequeño; le pidió al rey un costal de pan y una soga, y corrió tras los mayores gritándoles:
—¡Hermanitos, espérenme y les doy pan!
Ellos aceleraban el paso, pero después de unos días vieron que el oro no les servía en el bosque, pues no había tiendas.
Para no morir de hambre, esperaron a su hermano y comieron de su pan. Luego, cuando el joven se durmió, le robaron el pan y continuaron su camino.
Pero él no se dio por vencido y los siguió.
El primero en llegar al pozo donde estaban las princesas fue el mayor. Pero no se atrevió a bajar. Tampoco el mediano.
Cuando el joven llegó lo convencieron, y lo bajaron con su soga. En el pozo había un hombre, pero el muchacho lo tomó por sorpresa y le pegó en la cabeza.
Amarró por la cintura a las princesas, y sus hermanos las fueron subiendo. Pero en lugar de sacar al pequeño, tiraron la soga al pozo.
Cuando vio a sus hijas, el rey se puso tan contento que decidió casar a los hermanos con dos de las princesas.
La más pequeña quiso explicarle lo que había sucedido, pero el rey, con la emoción, ni la escuchaba.
Mientras tanto, en el pozo el joven lloraba. De repente se le apareció un caballito de siete colores que le ordenó:
—Arranca un pelo de cada color y te concederé siete deseos.
El joven tomó un pelo naranja y dijo: —¡Sácame de aquí!
Tomó el pelo azul y dijo: —¡Dame de comer!
Tomó el pelo amarillo y dijo: —¡Llévame al palacio!
Sus hermanos, temiendo que el rey se disgustara con ellos, ordenaron que no lo dejaran entrar. Entonces el muchacho tomó el pelo verde y dijo:
—¡Conviérteme en negrito!
Así pudo entrar, habló con la jovencita, y ella le contó todo a su padre, quien decidió encarcelar a los hermanos mayores. Pero el joven no quería lastimar a sus hermanos. Tomó el pelo morado y dijo:
—¡Caballito de siete colores, regrésame a como era!
Tomó el pelo rojo y dijo:
—¡Que el rey perdone a mis hermanos!
Por último tomó el pelo rosa y dijo:
—¡Que el rey deje que mis hermanos y yo nos casemos con las princesas!
¿Te gusta? El hermano menor era valiente, tenaz y de muy nobles sentimientos. Debemos ser como él.
Las princesas vivían con libertad, pues nadie les haría daño. Pero un día, cuando paseaban, fueron secuestradas por unos forasteros que pidieron dinero para devolverlas con vida.
Las tropas del rey no pudieron rescatarlas. Así que el rey puso letreros que decían:
EL CABALLERO QUE RESCATE A LAS PRINCESAS SE CASARÁ CON UNA DE ELLAS Y SERÁ PRÍNCIPE.
Aunque muchos jóvenes querían ser príncipes, nadie se atrevía a penetrar en el bosque.
Tres hermanos muy humildes decidieron salvarlas, pero los dos mayores pensaron que el pequeño sería un estorbo, y lo dejaron en casa.
El rey les preguntó: —¿Qué necesitan?
Los muchachos dijeron: —Una bolsa de oro.
El rey se las dio, y ellos partieron al bosque.
Luego llegó el pequeño; le pidió al rey un costal de pan y una soga, y corrió tras los mayores gritándoles:
—¡Hermanitos, espérenme y les doy pan!
Ellos aceleraban el paso, pero después de unos días vieron que el oro no les servía en el bosque, pues no había tiendas.
Para no morir de hambre, esperaron a su hermano y comieron de su pan. Luego, cuando el joven se durmió, le robaron el pan y continuaron su camino.
Pero él no se dio por vencido y los siguió.
El primero en llegar al pozo donde estaban las princesas fue el mayor. Pero no se atrevió a bajar. Tampoco el mediano.
Cuando el joven llegó lo convencieron, y lo bajaron con su soga. En el pozo había un hombre, pero el muchacho lo tomó por sorpresa y le pegó en la cabeza.
Amarró por la cintura a las princesas, y sus hermanos las fueron subiendo. Pero en lugar de sacar al pequeño, tiraron la soga al pozo.
Cuando vio a sus hijas, el rey se puso tan contento que decidió casar a los hermanos con dos de las princesas.
La más pequeña quiso explicarle lo que había sucedido, pero el rey, con la emoción, ni la escuchaba.
Mientras tanto, en el pozo el joven lloraba. De repente se le apareció un caballito de siete colores que le ordenó:
—Arranca un pelo de cada color y te concederé siete deseos.
El joven tomó un pelo naranja y dijo: —¡Sácame de aquí!
Tomó el pelo azul y dijo: —¡Dame de comer!
Tomó el pelo amarillo y dijo: —¡Llévame al palacio!
Sus hermanos, temiendo que el rey se disgustara con ellos, ordenaron que no lo dejaran entrar. Entonces el muchacho tomó el pelo verde y dijo:
—¡Conviérteme en negrito!
Así pudo entrar, habló con la jovencita, y ella le contó todo a su padre, quien decidió encarcelar a los hermanos mayores. Pero el joven no quería lastimar a sus hermanos. Tomó el pelo morado y dijo:
—¡Caballito de siete colores, regrésame a como era!
Tomó el pelo rojo y dijo:
—¡Que el rey perdone a mis hermanos!
Por último tomó el pelo rosa y dijo:
—¡Que el rey deje que mis hermanos y yo nos casemos con las princesas!
¿Te gusta? El hermano menor era valiente, tenaz y de muy nobles sentimientos. Debemos ser como él.
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Teófilo Martel y Galicia, El caballito de siete colores. México, 2002.
Teófilo Martel y Galicia, El caballito de siete colores. México, 2002.
que pader miss
ResponderEliminarque pader miss
ResponderEliminarMe gusto la historia miss Eunice
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