miércoles, 9 de septiembre de 2015

LECTURA OPCIONAL PARA REGISTRAR EN EL LIBRO DE TAREAS

El caballo mágico de Han Gan

El caballo mágico de Han Gan, lectura para aprender y divertirse
Cuando era pequeño Han Gan adoraba dibujar. Pero no podía comprar pinceles ni papel, porque su familia era muy pobre.
Para ayudar a sus padres, trabajaba para un hotelero. Llevaba la comida a casa de los clientes.
Un día Han Gan hizo una entrega en casa del pintor Wang Wei. Al salir vio unos hermosos caballos y no pudo resistir la tentación de dibujarlos en la arena.
Wang Wei se acercó, miró el dibujo y le propuso a Han Gan que volviera al día siguiente.
Wang Wei le dio al muchacho papeles, colores, pinceles y un poco de dinero. Le dijo:
–Es para ti, para que puedas pintar...
Han Gan dibujaba desde el alba al anochecer.
Estaba tan dotado que, unos años más tarde, el emperador lo llamó para que entrara en la Academia de Pintores Oficiales.
En la Academia, Han Gan no quería ejercitarse imitando las obras de los clásicos, como le pedía su maestro. Solamente quería pintar caballos y siempre atados.
–¿Por qué tus caballos siempre están atados? –le dijeron.
–Porque son tan reales que podrían escaparse –contestó.
Un día, un gran guerrero fue a ver a Han Gan. Le dijo:
–El enemigo está a las puertas de la ciudad. Mañana he de salir a luchar. He oído decir que tus caballos son tan reales que puedes hacer que vivan. Pinta para mí el más fogoso y valiente de los caballos.
Han Gan se puso a dibujar con toda su alma. Pero el caballo no cobraba vida.
–Lo siento –dijo– este dibujo no vale nada. Mejor quemarlo.
Pero cuando lanzó al fuego el papel, un fabuloso corcel surgió de entre las llamas. El guerrero montó el caballo y desapareció.
El caballo no necesitaba ni agua, ni forraje, ni descanso. Cuando galopaba, sus cascos apenas tocaban el suelo. El guerrero era invencible. En medio del combate, ninguna flecha, ninguna lanza lo alcanzaba jamás.
Pero la tristeza embargaba al caballo. Un día, en medio del campo de batalla, el caballo, cubierto de sangre, se deshizo del guerrero y salió a galope tendido. Nada ni nadie podía detenerlo. El guerrero buscó desesperadamente. Durante treinta y seis días y treinta y seis noches.
Una mañana de otoño llegó a la casa de Han Gan.
–El caballo que me diste ha desaparecido. ¿Sabes dónde está? –dijo el guerrero.
–Si –dijo Han Gan–. ¿Ves este cuadro? Había pintado cinco caballos. Una mañana, al despertar, había seis. Aquí vive ahora tu caballo.
El caballo mágico es una leyenda, pero Han Gan ciertamente existió.
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Jiang Hong Chen, El caballo mágico de Han Gan, Jiang Hong Chen, ilus. México, SEP-Corimbo, 2005.

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